Artritis
¿Qué es la Artritis Reumatoide (AR)?
La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad crónica (persistente en el tiempo), sistémica (puede afectar a todo el organismo), de carácter inflamatorio, de causas desconocidas y que se caracteriza con la forma en que afecta a la articulación. Suele afectar de forma más típica a las articulaciones de las manos y de las muñecas, aunque cualquier articulación pueda verse afectada. Se desconoce exactamente como se produce y que la desencadena, pero se sabe que se origina con el ataque de nuestro propio sistema inmunitario (nuestras defensas) sobre la membrana sinovial de la articulación, y es el daño sobre esta membrana lo que da lugar a los síntomas de la enfermedad.
La evolución posterior es muy variable de un enfermo a otro, desde una afectación mínima hasta un daño progresivo que evoluciona con mayor o menor destrucción de las articulaciones, por daño del hueso, tendones o cartílago, con la aparición de deformidades importantes que pueden provocar un grado variable de incapacitación. A mayor persistencia de la inflamación sobre una articulación, mayor probabilidad de daño progresivo e irreversible.
Puesto que no se conoce la verdadera causa de la enfermedad no hay ninguna forma de evitar que ésta se presente, es decir, no podemos hacer prevención primaria, aunque diferentes estudios avalan la importancia de realizar ejercicio físico adaptado y fisiorrehabilitación como medidas d prevención secundaria.
¿Cuáles son los principales síntomas?
Aunque el inicio es variable de unos pacientes a otros, es frecuente que la enfermedad comience con síntomas inespecíficos, esto es: cansancio, falta de apetito, debilidad generalizada y dolores musculares u óseos, que pueden persistir durante varias semanas o meses. Seguidamente aparecen los síntomas propios de la afectación articular (por la inflamación). Esta afectación es poliarticular, es decir, de varias articulaciones (generalmente más de cinco), y simétrica, lo que quiere decir que afecta más o menos de igual forma al lado derecho que al izquierdo del cuerpo. También es posible que el comienzo de la enfermedad sea más rápido y que la afectación sea asimétrica.
El dolor se suele acompañar, en los brotes agudos de inflamación, de hinchazón, sensibilidad, calor y enrojecimiento de las articulaciones. Es frecuente, además, la rigidez generalizada, que es mayor tras el reposo, de forma que la rigidez matutina, tras levantarse de la cama, típicamente es superior a una hora de duración, y generalmente es mayor cuanto más activa es la enfermedad.
Calidad de vida de lo afectados
En primer lugar, la vida normal de los enfermos ya se ve alterada por la misma presencia del dolor. Es muy común que los paciente de artritis reumatoide restrinjan sus actividades normales de la vida diaria, porque la realización de estas desencadenan la aparición o agravamiento del dolor.
Esto puede a su vez supone un deterioro de las expectativas normales del enfermo con AR, que ya no puededesempeñar o llevar a cabo algunas actividades que realizaba con toda normalidad hasta el momento de la irrupción de la enfermedad, pudiendo ello inducirle a problemas de tipo psicológico como ansiedad, depresión o peor tolerancia a las situaciones de estrés, y sentimientos de frustración y aislamiento, por ejemplo, pensar "que no es útil para los demás ni para sí mismo". Esta actitud negativa, unida a la capacidad física reducida y a las posibles alteraciones psicológicas, puede llevar a veces a un deterioro en las relaciones familiares y sociales, lo que puede suponer una grave alteración de sus relaciones.
La dieta y la artritis reumatoide
El paciente artrítico debe de hacer una dieta lo suficientemente rica en hidratos de carbono y proteínas como para mantenerse dentro del peso ideal para su edad y sexo. Toma suplementos de calcio para contrarrestar la pérdida que se produce por la propia enfermedad y por la toma de corticoides. Es importante que el paciente tenga el adecuado aporte calórico, especialmente durante los brotes de la enfermedad. Por otra parte, evitar el tabaco y el alcohol puede ser también importante
La obesidad es otro problema que puede añadirse en algunos pacientes, aunque es mucho menos frecuente. De todas formas cuando se de el caso es importante reducir peso, aunque nunca debe hacerse llevando a cabo dietas demasiados estrictas que supongan un déficit nutritivo que pueda suponer un problema.
No está totalmente aclarado el papel de los aceites de pescado en el desarrollo de la enfermedad, pero al parecer algunos pacientes mejoran, la mayoría, cuando se les añade ala dieta. Podemos pues recomendar un mayor consumo (pero sin excesos) de pescados tales como sardinas, atún, trucha, salmón, así como el aceite de hígado de bacalao.
El reposo
Toda persona con AR debe descansar entre 8 y 10 horas en la cama por la noche. Hay que evitar una vida con gran actividad física o con exceso de preocupaciones. La actividad física moderada es beneficiosa siempre que no produzca fatiga o dolor. En las labores de la casa hay que evitar hacer fuerza con las manos. No es bueno retorcer la ropa, abrir tapaderas de rosca, apretar fuertemente los mangos de cubiertos o de fregonas. Todo ello puede contribuir a agravar las deformidades.< /p>
El reposo es importante en el tratamiento. Durante las fases en las que está activa la enfermedad el dejar el trabajo físico ayuda a aliviar los dolores y disminuye la hinchazón articular. Es por ello que en estas fases está justificada la baja laboral. Pero no es conveniente un reposo total, es decir, quedarse todo el día en la cama o en el sillón, ya que esta actitud tiende a producir a la larga disminución de la movilidad articular, debilidad de los músculos y descalcificación en los huesos (osteoporosis).
El reposo total en la cama sólo está indicado en situaciones especiales, como son brotes de hinchazón articular que se acompañen de manifestaciones generales (fiebre, pérdida de peso y cansancio severo), afectación de órganos vitales (corazón, pulmón, vasos sanguíneos), alteraciones destructivas importantes de articulaciones de las piernas, o simplemente en casos de hinchazón articular generalizada en espera de que remita con la medicación.
Durante los reposos hay que mantener una postura adecuada con los brazos y las piernas estirados. No se deben poner almohadas debajo de las rodillas en la cama, ya que aunque puede aliviar el dolor, producirá a la larga deformidad en rodillas y caderas. Tampoco es bueno estar mucho tiempo en el sillón, ya que al estar sentado se doblan mucho las rodillas.
Podemos, no obstante, mantener estiradas las rodillas si colocamos un taburete de apoyo en los pies, o mejor, un sillón con apoyo para las piernas y los pies. Los codos deben de alterar posiciones de doblados y estirados.
La cama debe ser plana, con un somier rígido debajo del colchón, o en su defecto, colocando una tabla entre el colchón y el somier. Se debe usar una almohada baja, de tal manera que el cuello quede recto. LA cama debe ser lo suficientemente alta para poder levantarse sin forzar las rodillas
Para evitar el roce o el peso de la ropa de la cama sobre los pies puede colocar un arco de alambre debajo de la sábana, o apoyar la planta de los pies en una tabla. Cuando se lee en la cama no debe doblarse la espalda utilizando almohadones, sino que debe doblarse desde las caderas y subiendo toda la espalda, como en las camas de los hospitales. Hay aparatos supletorios simples para subir la parte de arriba de las camas normales.