Espondilitis
¿Qué es la Espondilitis Anquilosante (EA)?
La espondilitis anquilosante EA, es un proceso reumático inflamatorio, de curso crónico,
que afecta fundamentalmente alas articulaciones situadas en la columna vertebral y a las
que unen la columna a la pelvis (sacroilíacas). Ago más de la tercera parte de lo enfermos
sufrirá inflamación de otras articulaciones (pequeñas articulaciones del pie, del tobillo,
rodillas, caderas, etc.) casi siempre en las extremidades inferiores.
La inflamación en la EA involucra:
- las áreas donde los tendones y ligamentos se insertan en el hueso.
- Las articulaciones a través de las que se unen las vértebras entre sí.
- La columna con los huesos ilíacos de la pelvis.
Las fascias, membranas que recubren grupos musculares, también constituyen un objetivo del proceso inflamatorio, en especial las localizadas en las plantas de los pies y entre las costillas. En los puntos donde ligamentos, tendones y fascias se fijan en el hueso (entesis) la inflamación produce destrucción ósea parcial que se sigue de la formación de nuevo hueso (hueso reactivo) que, a menudo sobrepasa los límites normales y avanza sobre los propios ligamentos, tendones o fascias. A su vez, en éstos, el proceso inflamatorio se sigue de la formación d e un tejido fibroso más duro y menos flexible. En la columna, el hueso reactivo tiende a unir a las vértebras entre sí y producir anquilosis (fijación o inmovilización.)
¿Cuáles son los principales síntomas?
La EA, al igual que otras enfermedades de su mismo grupo denominadas espondiloartritis, suele iniciarse de forma insidiosa, lenta y gradual, con episodios de dolor en la región sacrolumbar que irradian hacia las nalgas e incluso por la cara posterior del muslo, simulando una ciática. El dolor mejora con la actividad física suave y se intensifica durante la noche contra la madrugada. Por ello no es raro que el enfermo se levante de la cama a primero hora de la mañana y camine unos minutos para aliviarlo, aunque de forma parcial y transitoria. Al levantarse de la cama la movilidad de la columna está generalmente limitada (rigidez) y es dolorosa.
Las áreas donde los tendones ligamentos o fascias musculares se insertan en el hueso denominadas entesis, son también diana del proceso inflamatorio (entesitis). La fascia plantar en su unión al calcáneo (hueso del talón) es la habitual implicada y, a veces, puede constituir el primer síntoma. En la región intercostal, las entesitis pueden simular un dolor pleural o cardiaco.
La mayoría de los casos comienzan entre los 15 y 30 años con predominio de los varones (3-6 por cada mujer). La EA puede inflamar articulaciones de las extremidades de forma asimétrica, irregular, intermitente o persistente, con tendencia a provocar lesiones locales irreversibles. El calor, la hinchazón, el dolor, y la imposibilidad para una normal movilización de la articulación afectada son los principales síntomas.
Causas de la EA
Las ciencias médicas todavía no han esclarecido la causa de la EA ni de las restantes enfermedades del grupo (espondiloartritis). Los datos disponibles permiten considerar la participación de tres factores determinantes:
- Un terreno de predisposición, representado por la herencia del antígeno de histocompatibilidad HLA-B27 (sustancia glucoprotéica situada en la superficie de las células y que forma parte de un complejo sistema que permite identificarse ante otras células.)
- Los fragmentos de bacterias que penetrarían a través del grupo digestivo.
- Una respuesta inadecuada del sistema inmunológico, desproporcionada y contra sustancias de los tejidos propios con bastante similitud a los fragmentos bacterianos y al HLA-B27.
La dieta y la espondilitis anquilosante
La idea de que las enfermedades reumáticas inflamatorias están causadas o se transmiten por los alimentos es errónea. No existen datos que permitan implicar a ningún alimento concreto en el desarrollo de una enfermedad reumática. Sin embargo las bacterias que se ingieren con el agua, carnes, pescados, vegetales u otros productos sí pueden contribuir a empeorar la sintomatología o incluso a desencadenar la enfermedad cuando el terreno es propicio.
Las personas portadoras del HLA-B27, están predispuestas a desarrollar procesos inflamatorios articulares al entrar en contacto con antígenos bacterianos químicamente parecidos al propio HLA-B27. Deben evitarse por tanto, aguas no cloradas bi higienizadas, hortalizas que no estén debidamente lavadas, mariscos crudos y huevos o derivados no sometidos al tratamiento térmico adecuado (cocción, fritura...)
Múltiples preparados alimentarios industriales contienen una considerable cantidad de conservantes, colorantes, aromatizantes y estabilizantes no naturales que pueden irritar la mucosa que recubre el estómago y el intestino, facilitando el paso de fragmentos bacterianos (antígenos) a la circulación sanguínea.
No existe una dieta específica para el enfermo de EA pero en general todo dieta debería apuntar hacía la moderación.
El reposo
Si la EA es muy activa y la rigidez muy molesta, puede ser necesario pasar una temporada sin trabajar e incluso un tratamiento hospitalario. Esto no quiere decir quedarse inmóvil ya que tal cosa podría acelerar la anquilosis de la columna. Así se puede aprovechar el período de descanso sin trabajar para ampliar los ejercicios de la espalda, pecho y extremidades a fin de mantenerlos flexibles.
En la cama, es importante probar a permanecer parte del tiempo boca abajo. Conviene adoptar esta postura unos minutos ante de levantarse y los 20 minutos primeros después de acostarse, siempre que el estado del paciente lo permita. Al principio es posible que no se pueda aguantar más de cinco minutos seguidos e incluso que se necesite un cojín debajo del pecho, pero con la práctica, a medida que la columna se relaja, será más fácil. Si se convierte en un hábito, esta postura ayudara a evitar que la espalda y las caderas se doblen y, aunque no sea factible todos los días, al menos un poco de tiempo dedicado a ellas es mejor que nada.
Echarse sobre la cama de espaldas con las piernas colgando hacia el suelo puede constituir también un buen ejercicio de estiramiento.
La cama debería ser firme, confortable y con cierto grado de amortiguación. Si se tiene un somier de muelles, es necesario conseguir un tablón adecuado y ponerlo entre el colchón y el somier. Una plancha de madera contraplacada es una base adecuada. Deberían revisarse los colchones regularmente, procurando no comprar uno demasiado duro. Es aconsejable escapar de los fabricantes que pretendiendo tener unos extensos conocimientos médicos, venden colchones aprecio de oro.
Es bueno reducir el número de cojines a uno o a ninguno. Echarse sobre la espalda un cojín alto podría conllevar la pérdida gradual de la buena alineación del cuello y los hombros. Por eso es recomendable en muchos casos el uso de una almohada individual y personalizada.
En las sillas todos los esfuerzos han de encaminarse para conservar una postura erguida. Es raro que la columna se anquilose completamente pero, en previsión de ello, el paciente deberá esforzarse siempre por mantener la columna recta. Es por ello que la silla de casa o del trabajo debe poseer todas las facilidades de ajuste o acomodamiento posible, permitiendo cualquier cambio de posición y una libertad de movimientos adecuados (asiento con altura ajustable, respaldo con inclinación variable, altura de los brazos y del respaldo siempre modificables) y a ser posible giratorio. La zona del asiento no debe ser demasiado larga para no tener dificultad en poder ajustar la zona lumbar al respaldo.
Las sillas los sofás bajos y blandos son áreas catastróficas, favorecen la mala postura y aumentan el dolor.