La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad crónica (persistente en el tiempo), sistémica (puede afectar a todo el organismo), de carácter inflamatorio, de causas desconocidas y que se caracteriza con la forma en que afecta a la articulación. Suele afectar de forma más típica a las articulaciones de las manos y de las muñecas, aunque cualquier articulación pueda verse afectada. Se desconoce exactamente como se produce y que la desencadena, pero se sabe que se origina con el ataque de nuestro propio sistema inmunitario (nuestras defensas) sobre la membrana sinovial de la articulación, y es el daño sobre esta membrana lo que da lugar a los síntomas de la enfermedad.

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La evolución posterior es muy variable de un enfermo a otro, desde una afectación mínima hasta un daño progresivo que evoluciona con mayor o menor destrucción de las articulaciones, por daño del hueso, tendones o cartílago, con la aparición de deformidades importantes que pueden provocar un grado variable de incapacitación. A mayor persistencia de la inflamación sobre una articulación, mayor probabilidad de daño progresivo e irreversible.

Puesto que no se conoce la verdadera causa de la enfermedad no hay ninguna forma de evitar que ésta se presente, es decir, no podemos hacer prevención primaria, aunque diferentes estudios avalan la importancia de realizar ejercicio físico adaptado y fisiorrehabilitación como medidas d prevención secundaria.